VIII Capítulo
¿Aló?
Soy yo.
Un silencio recorrió la línea telefónica.
¿Dónde estás?
En tu puerta. Y sintió dos golpes suaves tocando la puerta.
Se congeló por espacio de tres segundo y reaccionó saltando de su cama, tiro el celular y camino rápidamente hacia el comedor y se dirigió hacia la puerta, abrió y allí estaba parado mirándola.
¡Luciano! Y lo abrazó.
¿Puedo entrar?
Claro, pasa.
Luciano avanzó hacia el interior de la habitación y se quedó parado en medio de la habitación.
¿Quieres tomar algo?
Un café, ¿puede ser?
Si, déjame poner el agua. Caminó hacia la cocina que quedaba a unos metros. ¿Cargado con dos y medio de azúcar, cierto?
Luciano sonrió mirando el suelo y se sentó en un sillón, y dirigiendo su voz en dirección a la cocina dijo; Veo que aun lo recuerdas. Ella saco la cabeza apoyada de la pared de la habitación mirando hacia el comedor y sonriendo dijo; Jamás lo olvidaría.
El miraba por la ventana, hace un par de noches que había estado allí, que había regresado y le parecía que hubiese pasado mucho tiempo.
Teresa salió de la cocina con una bandeja en la cual traía dos tazas humeando oliendo a café, un cenicero y unas galletas en un plato pequeño.
Puso la bandeja en la mesa de centro y sentándose en el suelo miró a Luciano. Sírvete, le dijo.
Luciano dijo gracias, y mirando a Teresa se sonrió. Bonito pijamas, le dijo él.
Ella se sonrojo, cayó en cuenta en que había salido con un simpático pijama, el que consistía en un buzo de color blanco con estampados de florcitas rojas y una camiseta con la cara del gato cósmico, pero llena de dignidad le dijo ¿te gusta? Ambos rieron no solo por la situación del pijama, si no por la necesidad de distender la tensión, que aunque imperceptible, se encontraba entre ambos una tensión que venía de hace un par de noches, cuando el regreso y la visito.
¿Estás bien?
Si. Respondió Luciano. El sabía perfectamente en que tono venía esa pregunta, sabía con exactitud a que venía esa pregunta por parte de Teresa.
Y dime, dijo Teresa, ¿a que viene esta visita tan temprano?
Necesito un favor.
¿Un favor? ¿Mío?
Si, tuyo.
Necesito que me guardes esto. Y Luciano abrió su chaqueta y saco del bolsillo izquierdo interior de su chaqueta una libreta.
Teresa lo miraba fijamente, sabía que no podría preguntar mucho, y que nuevamente quedaría atrapado por el misterio que rodeaba a Luciano.
Luciano tomó con ambas manos la libreta y la detuvo entre sus manos y dijo; Teresa, esto es muy importante, en estos momentos es lo más valioso que tengo y quiero que lo tengas tú. Con una condición.
¿Otra condición?
Si. Otra condición. Discúlpame, pero si no fuera necesario no te haría ninguna condición.
Lo sé, pero debo ser honesta contigo. Además, siempre hemos sido honestos entre nosotros, espero que no hayas olvidado eso.
Luciano la observaba en completo silencio.
La otra noche, cuando viniste no fue tan fácil para mí.
Lo sé. Dijo Luciano.
Ella lo interrumpió, espera dijo Teresa, ahora quiero que tú me escuches a mí.
Luciano asintió, sabía que se lo debía, que era lo mínimo que podía hacer por ella y guardo silencio pero sin quitar los ojos en ella.
Hace tres noches viniste, y yo estaba muy feliz de verte de nuevo, pasaron tres años, ¡tres años! En los cuales te asumía muy lejos. Me costó asumir algunas cosas, que te fueras, que me dijeras en una ocasión que no querías verme más, que ni siquiera tendría tu amistad. Tú eres a única persona en este mundo a quien quiero más allá de todo, más que como pareja, como persona, como amigo, como aquel que me conoce, realmente.
Pero la otra noche en un momento no se quien eras, o sea, se que eres tú, pero también había algo distinto. Y sabes, ¿quiere saber qué me pasa?
Luciano bajo la cabeza, asintiendo la situación y dijo, volviendo a levantar su cabeza, y enfrentando los ojos de Teresa, Sí, quiero saber.
Teresa quedo con la mirada fija en Luciano.
Estoy cansada, eso es lo que pasa. Y también han pasado cosas en mi vida, no ha sido fácil, pero eh ido ordenándome, tratando de ir haciendo una vida a mi modo…. discúlpame, han sido muchas cosas en pocos días, sabes que puedes contar conmigo. Además, no creas que me ah sido fácil digerir lo de la otra noche, llegue a pensar que había sido un sueño y cuando desperté allí estabas tú, a mi lado.
Luciano seguía en completo silencio, escuchando atento a Teresa.
No te preocupes, guardare lo que quieras que guarde y no hare preguntas.
Luciano salió de su silencio y con una voz muy calmada pero segura dijo; Teresa. Sé lo que estas sintiendo y lo comprendo. De hecho, pensé mucho antes de venir hace tres días, así como lo hice también hoy, mi intención no es desarreglar tu vida solo que no tengo a nadie más en quien confié, como lo hago contigo y como ha sido siempre y esto no solo quiero que lo guardes por razones de seguridad, si no porque quiero que tu lo tengas. Y estiró su mano izquierda en la que tenía la libreta agachándose ligeramente hasta donde estaba Teresa sentada en el suelo al lado de la mesa de centro, Teresa lo quedó mirando y lo tomó con su mano derecha y ambas manos se encontraron allí, en torno a la libreta, y cierta conexión, cierta memoria táctil se activó. Teresa sintió el roce y la tensión que iba desde su mano e irradiaba, Luciano también lo sintió y reacciono a la situación colocando la libreta en manos de Teresa y retirando su mano.
¿Puedo fumar? Dijo Luciano.
Si, sabes que aquí puedes, el “pucho” ha sido el único amigo leal que eh tenido en estos tiempos.
Luciano sintió el golpe. ¿Quieres?, le dijo a Teresa.
Veo que sigues fumando aquellos cigarrillos fuertes, dijo Teresa, bueno, dame uno, qué más da.
¿Por qué no te quedas a almorzar?
Luciano, estuvo a punto de decir que no, pero reflexiono su respuesta y volviendo la sonrisa a su rostro dijo, sí, hoy comeremos juntos.
Ella lo quedo mirando y dijo, bueno, entonces aprovechemos de conversar, por ejemplo hay cosas que tú debes aun contarme, y yo también tengo mucho que contarte de estos 3 años en que no estuviste. Si es que te interesa, claro está.
Por supuesto que me interesa. Por ejemplo podrías hablarme de Alberto.
Teresa miró a Luciano, ya no le causaba tanta sorpresa, pero se sentía desnudada, niña frente a un adulto que ya sabía la respuesta. Si, te contare de él, y de mí.
¿Sabes? Me propuso matrimonio.
¿Y qué respondiste?
Lo preguntas por cortesía o realmente quieres saber, pues seguramente ya lo sabes, ¿o no?
Luciano guardo silencio.
Le dije que me diera tiempo para reflexionarlo, no hay que apurar las cosas.
¿Lo amas? Preguntó Luciano.
Sí. Respondió Teresa, lo amo, en cierta medida es un amor que me ha hecho muy bien. Si bien es distinto, me ha hecho volver a hacer sentir cosas que pensé que ya no volvería a sentir, pero tampoco creo que es bueno ir muy rápido.
¿Y tu Luciano, qué me dices de ti?
Luciano seguía fumando, y tomó un sorbo de café, respiro y pareció que hubiese suspirado y dijo; Yo me casé.
Teresa quedo perpleja.
¿Enserio?
Si, en serio.
¿Y donde esta ella?
Luciano miró nuevamente hacia la ventana, una sección del ventanal que daba a la terraza del departamento de Teresa. Ella está muerta, dijo, secamente.
Teresa quedo congelada, atinó a decir un lo siento.
Yo también, dijo Luciano.
Luciano, cuando terminemos aquí, tendrás unas horas de descanso en la que será tu habitación, dijo Sofía. Lamentablemente no será mucho, por lo que espero haya podido dormir algo durante el trayecto hasta acá.
Luciano asintió, y dijo; si, lo hice, quien no ha dormido mucho es Miguel.
No te preocupes, dijo Sofía, Miguel está acostumbrado y ya tendrá su descanso. Bueno, podrás descansar un par de horas, y dejar tus cosas en aquella habitación, que será tuya por un bien lapsus de tiempo, espero sea de tu agrado, pero hoy, a las 8 de la noche, te despertaran pues a las 9pm te presentaremos al resto de las personas que habitan este lugar.
No hay problema, dijo Luciano.
Bueno, terminemos aquí para que descanses, ya tendremos más tiempo para trabajar todo lo que sea necesario trabajar en esto. Sol te acompañara a la habitación para que puedas descansar, y levantándose de su asiento Sofía y poniendo ambos brazos en el escritorio extendió su mano a Luciano y le dijo; se bienvenido entonces a tu hogar.
De pronto se sintió golpear la puerta del estudio y se abrió la puerta, era Sol. Quien se quedo parada al lado del Umbral de la puerta, mientras Luciano le daba la mano Sofía y ambos se despedían momentáneamente.
Vamos Luciano, dijo Sol.
Luciano caminaba junto a Sol por los pasillo de la Casa y la muchacha no para de hablar y de decirle que le enseñaría toda la casa durante los días que vinieran y las instalaciones y alrededores de la casa, la que según ella era de una vasta extensión. Luciano la escuchaba y le parecía encantadora aquella chica, vivaz y llena de energía, era como una niña, pero se notaba claramente que era ya toda una mujer, pero había algo etéreo en ella. Luciano guardaba silencio dejándose guiar por aquella chica. De pronto llegaron a unas escaleras, subieron al segundo piso y en el final de un pasillo se detuvieron. Sol saco una llave del bolsillo y abrió la puerta frente a ellos, bueno, dijo ella, esta es tu habitación, espero te guste, yo ayude a decorarla, dijo, y además propuse el color de cortinas y algunas cosas que espero te gusten. Bueno, hasta aquí llego yo, y poniéndose frente a él le tomo su mano derecha y le hizo entrega de la llave con la cual ella recién había abierto la puerta de la habitación. Esta es tu habitación, dijo, aquí será tu lugar, nadie que tu no quieras podrá entrar en ella. Esa es la regla general de la casa.
Luciano agradeció a Sol, y cuando le iba a dar la mano, como ocurrió con Sofía, esta lo sorprende rápidamente con un beso en la mejilla, chao, nos vemos más tarde le dijo, y se dio media vuelta y se fue cerrando la puerta tras de sí.
Luciano echó un vistazo alrededor de aquella habitación y era completamente acogedora y bien decorada. Se notaba sí que la mayoría de las cosas en la habitación eran nuevas, salvo por unos muebles que se encontraban uno frente a los pies de la cama, el velador, que notaba sus años de madera y color caoba intenso y un escritorio, al costado de la cama. La habitación no era grande en cuanto a dimensiones, pero tampoco pequeña, era precisa para él, según su pensamiento. Sus cosas las habían ya bajado y estaban ya en la habitación, Luciano quiso revisar las cosas de la maleta, pero decidió mejor tirarse a la cama y dormir, cosa que no ocurrió muy tarde, pues a los pocos minutos que quedo tendido en la cama, encima, así mismo como había llegado, se durmió placida y profundamente.
Despierta Luciano. Luciano abrió lentamente los ojos y vio al lado de la cama a Miguel. Hola, Dijo Luciano ¿Qué hora es? Son las 8 de la noche. Debes despertar. Te traje algo para comer. Gracias, dijo Luciano. Y poco a poco fue despertando e incorporándose en la cama. Bueno, te dejo con esto, come tranquilo, a la salida de la habitación hay un baño y te esperamos a las 8:45 abajo. ¿Estás bien?
Si, dijo Luciano, allí estaré.
Luciano caminó hasta el baño para darse una ducha, que sintió como la mejor ducha en años, además sentía que había dormido una eternidad y aquella ducha lo había reparado. Se vistió y comió con muchas ganas lo que Miguel le había dejado en la habitación. Miro un reloj que estaba colgado en una de las paredes de la habitación y vio que quedaban 5 minutos para las 8:45, que era la hora que le había señalado Miguel. Se apuro, tomó la bandeja con las cosas y salió de la habitación cerrando con llaves y caminando por el largo pasillo hacia la escalera, bajo por ellas y caminó por otro pasillo hasta el comedor, a su paso salió Sol y le dijo dame la bandeja yo la llevo y Luciano dijo que no había problema, él la llevaría hasta la cocina, Luciano, te esperan ¿Quiénes? Dijo Luciano. Y Sol tomo su mano y lo llevo por un pasillo, con una mano llevaba la bandeja y con la otra a Luciano, entraron al comedor y cruzaron dicha habitación. ¿A dónde vamos? Confía en mí, respondió Sol. Y de pronto llegaron a una pared. ¿Qué hacemos aquí? Sol lo miró como diciendo, ¿pero no es obvio? Y Sol estiro una mano y la pared se abrió como una puerta corrediza y Luciano vio frente a él una imagen que nunca iba a olvidar.
Alrededor de una veintena, por lo que lograba especular él, frente a él todos vestidos de la misma forma. Sol lo hizo entrar y le dijo al oído, hoy es tu juramento, y todos ellos están aquí para verte.
Luciano ingresó a dicha habitación con sol y la puerta se cerró detrás de ellos, era una habitación muy amplia, muy grande y Sofía que estaba junto a Miguel se acercó a él.
Bueno, dijo Lucia con voz fuerte, este es Luciano!
Luciano sintió aumentar las pulsaciones de sus latidos y una adrenalina comenzó a recorrer su cuerpo, sentía que ya era hora……….
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