¿Estás bien Luciano? Preguntó Sofía…. ¿Estás bien? Volvió a preguntar.
Si, respondió Luciano volviendo en sí.
Bueno, entonces te presentare a todos los habitantes de la casa, y volviéndose hacia todos Sofía dijo; Este, como bien ustedes saben es Luciano, a quien esperábamos. El vivirá desde hoy en esta casa y espero sea bien recibido, recibido como corresponde.
Luciano podía observar sonrisas y jubilo frente a su presencia. Si bien es cierto esto le causaba cierta sorpresa su sensación era mas de incomodidad, de un repentino ataque de timidez que lo embargaba completamente. Sin embargo no sentía ni una pizca de temor, por el contrario, se sentía cohibido de la situación, abrumado por la reacción que podía leer y sentir en sí de la mirada de los presentes pero una sensación agradable también recorría su cuerpo.
Miguel, observaba detenidamente a Luciano, parecía leer sus reacciones y analizarlas detalladamente, de pronto Luciano volvió su mirada hacia Miguel que se encontraba a unos pocos metros de él y le sonrío, sabiendo ya lo que Miguel estaba haciendo. Miguel respondió la sonrisa en la certeza de que Luciano veía, leía y observaba las cosas de manera distinta desde que lo vio por primera vez allí parado frente a él hace algunas noches.
Bueno Luciano, creo que es tiempo de dar comienzo a la ceremonia, dijo Sofía volviéndose hacia él. Luciano asintió con la cabeza y dijo; Estoy listo y dispuesto.
Una mujer, de unos 50 años, avanzó hasta Luciano con una pequeña caja entre sus manos y se paro justo frente a él.
La habitación se encontraba iluminada por varias lámparas puestas estratégicamente en las cuatro esquinas que se formaban, lo que permitía que la visibilidad fuera muy buena dentro de la habitación, pero no lo suficientemente potente como para molestar a la vista, generando también, con el contraste del color rojo terracota de la habitación, lo que le daba cierta calidez, una amplitud y un escenario propicio para el acontecimiento que allí estaba ocurriendo. Espontáneamente se comenzó a desarrollar un círculo entorno a Luciano. Sofía lo tomo del brazo y juntos avanzaron unos pasos, quedando en medio del círculo que se había formado con las personas de la habitación. La mujer que llevaba la caja entre sus manos bajo su cabeza y estiró sus brazos quedando estos con ambas manos sosteniendo la caja frente a Luciano en posición servicial para que él la tomara. Luciano estiró sus manos tomando la caja de las manos de aquella mujer y llevando la caja hacia si agradeció el gesto con un ademán de su cabeza. Sofía se acerco unos centímetros al oído izquierdo de Luciano y dijo muy bajo;
Abre la Caja.
Luciano sosteniendo la caja con su mano izquierda ocupó la mano derecha para abrir la caja. La excitación y ansiedad era propia en toda la habitación que parecía, en ese momento, caber dentro del cuerpo de Luciano. Podía sentir no solo su palpitar si no el de toda la habitación, todos los pensamientos que allí había eran suyos. Luciano sentía como una energía recorría toda su espalda y llegaba hasta su cabeza y continuaba por el resto de su cuerpo de manera constante y persistente. Abrió la caja y dentro de ella se encontraba un pergamino sellado por una cinta color violeta y bajo el un paño que cobijaba un objeto.
Luciano tomó el pergamino y quito la cinta y abrió frente a sus ojos el pergamino.
Terminado de leer el contenido del pergamino, la emoción lo había embargado y sus ojos brillaban y se notaban emocionados, levanto su cabeza y mirando hacia el frente se dirigió hacia todos los presentes y dijo;
Hermanos, Juro y prometo antes ustedes y ante este documento dar mi vida completa, tratar de ser sabio y justo en mis reflexiones, decisiones y acciones. Y transformar cuanto haya que transformar para lograr nuestro objetivo.
Y tomando el objeto que estaba cubierto por un paño lo alzo con su mano izquierda y lo coloco delante suyo a la altura del pecho y mostrándolo hacia los demás giro en 360° mirando a cada uno y una de aquella habitación.
La emoción era una y toda dentro de la habitación, no había separaciones solo unidad de emociones, un uno y un todo conviven sin problemas aprendería Luciano, esa noche sería la primera vez que comprendería aquello mas allá de los razonamientos y entendimientos de la lógica.
El circulo paso a desarmarse, y uno a uno comenzó a avanzar hasta Luciano y cada cual lo abrazo dándole la bienvenida y también diciendo sus nombres.
Luciano cayó en cuenta que en la habitación había personas de todas las edades, personas muy jóvenes y otras muy adultas, de diversas estaturas y formas físicas, pero todas ellas tenían algo que les hacía muy similar, un cierto brillo en los ojos que los iluminaba mas allá de lo normal, cada uno expendía confianza y una empatía que llegaba hasta él como algo propio y familiar.
Bueno, dijo Sofía. Como todos ya saben debemos pasar a trabajar ya en lo que nos convoca, así que nos encontramos todos luego en la cena, por que imagino que todos deben ya tener hambre. Algunos rieron en la habitación. Entonces, dijo Sofía. Quedan todos liberados salvo las 6 personas que deben quedarse.
Todos comenzaron a retirarse, muchos de ellos pasando a despedirse de Luciano de manera muy amena y amigable y poco a poco la habitación paso a quedar mas desocupada, solo quedaron 6 personas, 3 mujeres y 3 hombres. Además de Luciano, Miguel y Sofía.
Miguel se puso al lado de Luciano y poniendo su mano derecha por sobre el hombro de Luciano le dijo, sin mirarlo si no que poniendo su mirada en el centro de la habitación le dijo; Tremendos días que has tenido Luciano.
Luciano esbozo una sonrisa cómplice de aprobación, por lo demás era muy cierto. Hace días si alguien le hubiese dicho lo que iba a experimentar y saber en tan poco tiempo hubiese dicho, con toda seguridad, que se trataba de una buena historia hecha de una cabeza muy imaginativa, pero con la misma certeza hubiese quitado cualquier crédito de verdad a la misma. Ahora, no solo le parecía plausible, creíble y razonable, si no que encontraba respuestas a muchas de sus preguntas, muchas de ellas existenciales, muchas de ellas que lo hicieron sentirse extraño durante toda su vida, diferente, distinto al resto. Un sicólogo al que tuvo que ir luego de la muerte de su madre le dijo que aquello era normal, que todas las personas se sentían así, pues todos éramos distintos, además, la falta de su padre y la muerte de su madre con obviedad lo hacía sentirse deudo de los demás y separado del resto, culpable de sentirse como se sentía buscando en su dolor la diferencia con los otros. Quizás el sicólogo tenía razón, o la tiene aun, pero la verdad es que el sicólogo no tenía todos los datos, probablemente hubiese variado en algo su apreciación clínica si hubiese experimentado lo mismo que él durante estos días. Pero aquello ya no importaba para Luciano, ahora sentía con una fuerte convicción emocional y racional que lograba comprender muchas cosas de sí, que hoy podía auto explicarse a si mismo muchos de sus comportamientos o sensaciones que en su vida lo llevaron a ser lo que era. Pero hoy era quien tenía que ser porque así todo calzaba en perfecta simetría y armonía dentro de sí y en su entorno, por lo menos, su entorno inmediato.
Sofía hizo traer una mesa y sillas para que todos pudiesen sentarse en torno a ella. Los 9 que quedaban allí en la habitación.
Bueno, creo que ahora es tu turno Miguel, dijo Sofía convidando a todos a sentarse en torno a la mesa. Luciano quedo en la cabecera, a su derecha Luciano y a la izquierda Sofía y el resto consecutivamente en los puestos restantes de la mesa. Era esta una mesa rectangular firme y solida de una madera noble con un color caoba fuerte, y las silla eran de un diseño hermosamente labrado lleno de detalles y texturas, lo que no solo las hacia cómodas si no que también imponentes, sin embargo Luciano reparo en el hecho de que en cada respaldo había una especie de inscripción y dibujo distinto, todo era igual en las sillas salvo esa inscripción que parecía un pequeño símbolo puesto en cada respaldo de las sillas pero en cada uno era uno distinto.
Miguel, poniendo sus manos juntas en la mesa y echando ligeramente su cuerpo hacia delante comenzó a hablar.
Muchachos, veo que la noche ha estado llena de emociones pero las emociones no tienen ningún sentido sin la acción que la secunda, pues como sabe la mayoría de los aquí presentes, si a las emociones se les reprime esta ilógica acción de no acción es respondida por nuestro cuerpo y obviamente ninguno de nosotros queremos eso. Por eso es momento de la acción.
Luciano escuchaba atento la voz de Miguel y reflexionaba en cada frase que este lograba terminar.
Y nuestra acción, prosiguió Miguel es la guerra.
Todos asintieron a la última frase de Miguel con profunda seriedad, incluido Luciano.
No hay guerra más importante y difícil que la que tenemos por delante, de perder allí nada de lo que conocemos y amamos tendrá sentido ni existencia. Por alguna razón, por alguna extraña lógica, y esperemos que sabia lógica, nos ha tocado a nosotros estar dentro de este plan, en el que afortunadamente no solo somos nosotros pero cada pieza es vital e importante, y desafortunadamente irremplazable. Luciano, quien ha jurado hoy y se suma a nosotros en nuestra conjura es el último de este equipo que nos faltaba. Hijo de dos grandes y queridos amigos y hermanos que tuve la dicha de conocer y querer profundamente. Y a quien hemos esperado pacientemente para llegar hasta el día de hoy en el que estamos ahora reunidos aquí.
Las razones, de nuestra lucha no son distintas a otras que se han dado en la historia, con distintos nombres y consignas, pero siempre detrás de si bajo la misma causa. Cada uno es hijo de su tiempo y nosotros somos hijos de este, el que nos toco, y con ello la responsabilidad que implica estar a la altura de las circunstancias. Además, queridos hermanos ya está escrito y anunciado, el tiempo ya se cumple y la razón por la cual tiene existencia este mundo y todo lo que en el habita junto con nosotros mismos exige que hagamos las cosas lo suficientemente bien. Ya no somos los que éramos en un principio pero seguimos siendo, sin embargo antes de entrar a una guerra debemos prepararnos y por cierto, transformarnos, pues no podemos, bajo pretexto de ganar a toda costa, abrazar las mismas emociones y prácticas de aquello que queremos derrotar.
Ahora mi estimados, dejare que hable Luciano, ya ha sido mucha mi intervención por esta noche, creo.
Todos los ojos se posaron en Luciano y este sintió la demanda de responder a las miradas y como si algo se hubiese soltado dentro de él su voz tomo un tono grave, solido pero seguro y certero y comenzó a hablar como si lo hubiese estado esperando siempre ese momento, con una convicción que cautivaba y con conocimientos que Luciano jamás pensó tener.
Miguel observó a Luciano y mirando luego a Sofía esbozo esa imperceptible gesticulación de satisfacción y alivio que esperaba. Pues frente a ellos había aparecido Luciano, al que esperaban.
Teresa, dijo Luciano.
Dime Luciano, respondió Teresa aún pasmada por la información que recibió de Luciano, de que este se había casado, y que su mujer había muerto, era demasiado para ella en tan pocos segundos y aunque hubiese sido digerido en una semana sintió el impacto y una mezcolanza de sensaciones dentro, desde una pena inmensa hasta una sensación culpable de sentir rabia contra Luciano por haberla olvidado, aunque sabía que ya eran amigos hace mucho tiempo ya, y que antes de él que viajara su amor se había convertido, para ambos, en un amor sin limitaciones de pareja, si no de amigos, fraternos, mas allá de lo que cada cual quisiese sentir o sentía. El pasar abrazados horas sin importar nada, o de esos encuentros, que las parejas de Teresa siempre odiaban cuando se enteraban, pues sabían todos que la conexión entre ambos no solo era extraña, si no que nadie más importaba, con las restricciones auto impuestas tácitamente por ambos.
Quiero que me prometas algo.
Qué cosa dijo Teresa.
Que guardaras esa libreta con tu vida. Y que nunca la sacaras si yo no estoy presente.
Teresa respondió con un sí. Te lo prometo.
Solo eso necesitaba escuchar de ti.
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Continúa el próximo jueves……………
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