Sección Segunda
La Conjura
En la oscuridad de la carretera Luciano miraba por la ventana del automóvil mientras Miguel conducía en el más absoluto silencio. Pensó en dormir pero el sueño no llegaba hasta él, hasta que Miguel abrió la boca ¿no puedes dormir?
No. No puedo.
El viaje es largo, así que es mejor que trates, llegaremos en la mañana a nuestro destino, vuelve a intentarlo, ya verás como el sueño vendrá a ti.
Luciano volvió a cerrar los ojos y se imaginó en una casa, de pronto apareció un bosque y a su espalda vio una playa……
Despierta Luciano. Estamos llegando.
Luciano abrió los ojos, ya estaba claro, mientras el auto avanzaba inmerso en un camino de tierra rodeado de arboles a sus costados, el olor era intenso, Luciano bajo la ventanilla y tomó una bocanada de aire que entró por su nariz hasta su pecho e inflamo sus pulmones, olía a bosque y sintió la misma sensación que en su sueño.
Estamos ya muy cerca. Pero tú ya lo sientes ¿no?
Luciano se giró hacia Miguel y sabía que ya no necesitaba decir nada.
Miguel de pronto desaceleró la marcha del automóvil y giró hacia la izquierda en un pequeño acceso casi imperceptible a la mirada desatenta. Luciano se vio de pronto dentro de un bosque, en un angosto camino en el que parecía caer justo la medida del auto de Miguel, luego de casi 5 minutos Luciano divisó una casa detrás de una cerca…. Miguel, dijo Luciano, esa casa no es……… ¿la casa de mi sueño?
¿Lo sabes o lo sientes?
No lo sé. Ambas creo.
Bueno, entonces es la casa de tu sueño. Miguel detuvo el auto sin parar el motor frente a la cerca que resguardaba la entrada de la casa, de pronto una persona salió de la casa hacia ellos, era una muchacha joven y abrió el pestillo de la cerca e hizo un ademan para que el auto entrara.
Estacionaron el auto al costado de la casa, una casa grande en la cual más allá de su imagen rupestre se notaba que estaba bien diseñada y con comodidades evidentes. Como para vivir allí sin necesidades extremas.
Ambos, Miguel y Luciano descendieron del auto y Luciano observó con una mirada panorámica la casa y su entorno.
Se acercó la muchacha hasta Luciano y dijo Hola; soy Soledad. Puedes decirme “Sol” si te acomoda. Miguel sonreía al otro lado del vehículo, hola Sol dijo Miguel, hola Miguel, respondió ella, tanto tiempo sin verte por aquí.
Hola, dijo Luciano, yo me llamo…….
Luciano, ya lo sé, respondió rápidamente Soledad. Te esperábamos.
Luciano la quedó mirando pero ya no le parecía extraño, sentía como poco a poco iba perdiendo la capacidad de asombro frente a ciertos hechos que hace solo un par de días le hubiese parecido descabellado. Los ojos azules de aquella muchacha tan vivaces le parecían atractivos y penetrantes llenos de vida e inocencia.
Pasemos adentro dijo Miguel. Luciano lo siguió y la muchacha detrás de los dos. Llegaron a una sala grande con muebles muy acogedora y cálida, aunque la mirada de Luciano reparó en un cuadro que había en una de las paredes de aquella habitación, era exactamente el mismo que en casa de Miguel y Ángela, el de un hombre con los brazos extendidos y su rostro hacia el cielo, del mismo rojo intenso y que se volvía violeta al mirarlo desde otra perspectiva. Soledad se adelantó a ellos y girándose en 180° se puso frente a ellos y dijo; en el estudio los aguarda Sofía.
Miguel hizo un gesto de agradecimiento a Soledad y caminaron por un pasillo hasta una puerta entreabierta, en el fondo de la habitación detrás de un escritorio sentada en un sillón estaba una mujer, joven, muy bella de una presencia imponente.
Bienvenido Luciano, dijo ella levantándose de su asiento. Miguel hizo pasar a Luciano a la habitación y Luciano vio la mano de aquella mujer estirada para saludarlo, el respondió al gesto estirando su mano y acercándola a la de ella. Hola, dijo.
¿Todo tranquilo en el viaje Miguel?
Si Sofía, ningún contratiempo.
Ok. Bueno, imagino que Miguel ya te ha interiorizado en las razones del por qué estás aquí y has aceptado los términos.
Si, así es.
Y se te ha entregado los antecedentes, me parece que en un libro rojo ¿no es así?
Sí.
Bueno, entonces no demoremos más, pasemos entonces a ver lo importante. Antes, por favor Miguel, puedes cerrar la puerta.
Miguel caminó dos pasos y tomó la manija de la puerta abriéndola y salió por ella cerrándola tras de sí.
Soledad esperaba a unos metros y Miguel la miró con candidez, caminó hacia ella diciendo, soledad, no es bueno escuchar conversaciones ajenas y abrazándola la llevo consigo hacia afuera de la casa.
¿Miguel?
Dime Sol
¿Estás seguro de él?
Si, completamente seguro.
Sabes, eso me conforta, o sea, que tu lo digas. Aunque Sofía estaba algo nerviosa, por eso te lo pregunto, porque ella no tiende a estar nerviosa, bueno tú la conoces bien.
Si, lo sé Sol. Pero su nerviosismo no era por dudas sobre él, si no por ella misma. Bueno pequeña, vamos, aún hay mucho que hacer en la tarde tenemos que celebrar este encuentro.
Sofía abrió su carpeta con Luciano sentado frente a ella y levantando su cabeza le dijo; Tú has tenido una carpeta parecida a esta, digo parecida porque esta es un poco más completa que la que viste hace algunas noches en casa de Miguel. ¿La recuerdas?
Si, por supuesto, como no hacerlo.
Bueno. Entonces te diré lo que haremos ahora. Estaremos un par de hora aquí en el estudio, es muy importante que revisemos algunas cosas y charlemos sobre ellas. Luego, en la tarde se celebrara tú llegada acá y conocerás al resto de las personas que viven aquí en la casa ¿te parece?
Sí. Está bien para mí.
Muy bien. Comencemos.
Luciano Nonderaf González, edad 29 años. Naciste el viernes 2 de abril de 1982. A las 16:45hrs GMT de este hemisferio. Tu madre Emilia Anastasia González Smith y tu padre, en el registro, Ángel Fernando Nonderaf. De quien no hay muchos antecedentes. Tu madre, profesora, agnóstica, proveniente de una familia de 5 hermanos, de los cuales ella era la tercera. Dos hombres, el mayor y menor y tres mujeres. Sus padres eran originarios de un pueblo llamado Montaña Blanca en el sur del país, quienes llegaron a la Capital en 1955. Tu abuelo Carlos González Mena fue un esforzado y prospero comerciante en la zona norte de la capital. Quien con mucho sacrificio logró levantar un negocio de abarrotes, el que con el tiempo logro hacer crecer hasta que…. Bueno. Carlos González Mena casado con Ernestina Mercedes Valles Silva. Tu abuela materna. Ambos llevaban 40 años de matrimonio hasta que un martes 23 de julio de 1985 sufrieron un grave accidente automovilístico y fallecieron ambos instantáneamente. Tu madre, quien nació el 25 de febrero de 1960, fue una mujer de temperamento, estudió su básica y secundaria en uno de los mejores colegios municipales de niñas de la capital gracias al esfuerzo de toda la familia y ella respondió muy bien. Ingresó a la mejor Universidad Estatal a estudiar pedagogía, cosa que hizo también con éxito y realizó un magister también. Te tuvo a los 23 años de edad. Fue complejo para la familia, el que apareciera embarazada de un desconocido para ellos como lo era Ángel Fernando Nonderaf. Personaje enigmático, que asumieron todos que había conocido en la Universidad, pues se había presentado en casa de los González Silva como compañero de Universidad. Luego de tu nacimiento desapareció, se supo al tiempo que había sido detenido y hecho desaparecer, mas nunca se hablo del tema ¿no es así?
Luciano miró los ojos de Sofía y guardo silencio unos segundos. Hasta que apareció el habla. No sé mucho de mi padre, solo se su nombre y algunas cosas que logre escuchar…. Mi madre no hablaba de él, pero tampoco demostraba rencor hacia él. La verdad, hasta hace un par de días pensaba que me conocía a mí mismo, pero me eh dado cuenta que ustedes saben más de mí que yo mismo, ahora me doy cuenta que nada y poco sé, mucho menos de mi padre.
Eso puede solucionarse y Sofía sacó una subcarpeta dentro de la que tenía encima del escritorio y la acercó hasta Luciano poniéndola delante de él sobre la mesa. Luciano la miró y dijo; ¿Qué es esto?
Bueno, ahora sabrás quien fue tu padre.
Luciano abrió la carpeta y había una fotografía que le parecía familiar pero que jamás había visto pero en una segunda fotografía contigua no cabía duda, podía reconocer a ese rostro en cualquier lado, era su madre con un hombre a su lado.
Ese es tu padre, sentencio Sofía.
Te dejare unos momentos solo, lo suficiente para que revises con atención lo que te estoy entregando, luego continuaremos. Y levantándose nuevamente de su asiento Sofía se retiro de la habitación.
Luciano no sintió cuando se retiró Sofía, quien había cerrado al salir con llave la habitación, no le importó o no dio cuenta de eso, estaba absorto en los documentos y allí se quedo.
Sofía caminó hacia el comedor de la casa y vio que afuera estaba Miguel junto a Sol y caminó hasta ellos. Ambos la quedaron mirando y Sol pregunto; ¿y Luciano?
Luciano esta encontrándose consigo mismo, paso a paso, de a poco. Y tú preocúpate de que todo esté listo para la tarde y no seas tan curiosa. Soledad sonrío y asintió con la cabeza.
Miguel creo que ya ha comenzado.
Lo estás haciendo bien Sofía, muy bien y puso su mano derecha en el hombro de Sofía como para reafirmar sus palabras y confortar el nerviosismo casi imperceptible de Sofía, solo un ojo entrenado como el suyo podría darse cuenta que Sofía era un mar de nervios.
Bueno aún no ha jurado, dijo Sofía.
Miguel la miró y contestó; En su interior ya lo ha hecho. No te preocupes, solo faltan los ritos, pues los ritos son necesarios, solo eso.
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