viernes, 17 de septiembre de 2010

Capitulo V

Capitulo V





Luciano pensaba en la conversación con Miguel, ese hombre extraño que se le hacía ahora tan familiar, pensaba además en lo que vendría, en la transformación que empezaba a sentir dentro de él mismo, y en alguna parte de su cabeza, entre todo lo que se agolpaba ahora en sus pensamientos refugiada en un rincón estaba Teresa. Así Luciano trataba de conciliar el sueño que no acudía, la excitación que provocaban los eventos era altísima, sus ojos rodeaban la habitación en la que estaba y miraba, desde la cama los distintos objetos que tenía la habitación hasta en un momento se durmió.







Vienen en dos días, lo traerá Miguel así que……….?

¿Qué?

¿Por dónde empezamos entonces?

Sabes muy bien lo que hay que hacer. Así que comienza por el principio y déjame sola un momento.

La muchacha se retiró de la habitación algo confundida y la dejó a ella sola en una habitación. Su estudio, así le llamaba ella, lugar en donde se tomaban decisiones y llegaban personas extrañas de muchos lados, cuando ella no estaba en casa la habitación quedaba con llaves, nadie más que ella tenía las llaves de aquella habitación y nadie más que ella podía decidir quién entraba en ella o quién no.



Sofía tenía 33 años, su nombre fue puesto por su Padre, significaba “Sabiduría”, así su padre le repetía todas las noches; te llamas “Sabiduría” y tu vida tendrá sentido por ello y algún día comprenderás el por qué. Según su padre el nombre de una persona determinaba la personalidad en una parte importante, pues siempre importaban una serie de contextos y circunstancias, además de tu carta astral, pero en gran medida el nombre que llevas determina tu vida, además, así te llamara la gente y tu alma responderá a ese llamado. Sofía no sabía porque ese recuerdo se había convocado en su cabeza, quizás por las circunstancias o porque en estos momentos su padre, aunque fuera en recuerdo, le confortaba. Lo necesitaba, sabía que su consejo hoy sería más oportuno que nunca, hoy más que nunca. Sofía tenía en sus manos una carpeta y encerrada allí en “su estudio” leía la primera hoja de la documentación que comenzaba con un nombre Luciano Nonderaf que iba acompañada de una fotografía y una contundente documentación agregada. Miraba aquella fotografía y podía leer en aquella mirada la certeza, que mas allá de la documentación, necesitaba. Con su mano derecha pasaba sus dedos por sobre la fotografía que mostraba el rostro despreocupado, mirando hacia el infinito, de aquel joven, el mismo que en dos días más llegaría hasta su casa para dar curso al principio del gran proyecto, en donde tantos tenían puestas sus esperanzas, sus esfuerzos y sus vidas.



Luciano despertaba tratando de recordar el sueño que había tenido, en donde se veía a sí mismo rodeado de personas en un lugar extraño que era una casa y a la vez un bosque y que de pronto era ya una playa. La verdad no importaba mucho que es lo que era si no la sensación que lo embargaba en aquel sueño, quería volver a sentirla pero no sabía cómo definirla, ¿cómo volver a sentir algo que ni siquiera sabía cómo definir? Miró el reloj que había a su lado en un pequeño velador al lado de su cama, eran las 8:01am. Se levantó de la cama y camino hasta el baño que estaba contiguo a la habitación, la casa estaba en silencio y la luz del sol comenzaba a colarse por varia de sus habitaciones entró al baño y se miró en el espejo y algo le parecía distinto, aunque no era eso algo tan extraño para él, era como ese ejercicio que hacía de niño, de estar frente al espejo el suficiente tiempo como para verse a sí mismo como una persona distinta y alienado de sí. Pero sin duda algo distinto había en él, quizás no en la apariencia pero allí estaba, por lo menos claro para él. Salió del baño y caminó por un pasillo relativamente largo y llego hasta una habitación grande y muy amplia y allí en una mesa estaba sentado en su cabecera Miguel quien leía el diario y sin levantar la vista le dijo; ¿dormiste bien Luciano? Luciano respondió con un sí sin mucha convicción. Miguel levantó su cabeza mirando a Luciano ¿quieres desayunar? Ángela está haciendo café, y te lo recomiendo, ella hace un exquisito café. Luciano pensó rápidamente sobre Ángela, se refería Miguel a la mujer que estaba con Miguel anoche, era ese su nombre, cosa que no se había cuestionado anoche, pues nunca supo su nombre. Ángela, posiblemente seria la esposa de Miguel o algo parecido.



Bueno muchacho mañana partiremos hoy en la noche y prepararemos en estos 3 años que nos quedan Tu regreso.

¿Mi regreso?

Si. Tu regreso. Mira. Cuando una persona se va hacia un largo viaje no es el viaje lo importante, todo tiene sentido en el regreso, se puede disfrutar de volar por las alturas pero todo lo que sube en algún momento baja, es algo natural, aunque no siempre exacto. Entonces, hoy en la noche viajaremos, será un viaje largo y es mejor hacerlo de noche, llegaremos en la mañana a nuestro destino allá te esperan algunas personas, así que terminaremos de aclarar algunas dudas hoy para que tu estadía allá sea lo más grata y fructífera posible.



Luciano vio aparecer a Ángela por una puerta con el café y lo dejo encima de la mesa y mirando a Luciano le dijo; Bueno Luciano, disfruta el café y ya te traigo las tostadas por que deberás alimentarte bien pues hoy partirás con Miguel, no a un viaje si no al comienzo del Regreso.



Luciano cayó en cuenta de que ya se había mencionado varias veces la palabra Regreso no entendía bien porque, pero todo tenía razón en torno a eso.
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Continúa, por problemas técnicos y de pérdida de material, aun no se da por terminado este capítulo V. Así que disculpen a los lectores, cuanto antes, se cierra y se abre otro. Atentamente Fernando Mushkil

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