¿Qué vuelvan los lentos?
Iban a ser las 2:50 AM y aún se escuchaba la “Pachanga” de “Vilma Palma e Vampiros” y la pista improvisada de baile (que no era más que un comedor con la mesa puesta en un rincón) estaba casi llena, mientras otros en un sillón se iban quedando rezagados y medios dormidos por el alcohol. Hasta que de pronto el tipo de la música, seguramente convencido por alguien (y a regañadientes) dejaba caer la bomba; ¡¡Un Lento!!
Y se escuchaba un; wooohoo yehhhehhhhh….. Era “mi primer día sin ti” de los Enanitos Verdes. Y las carreras comenzaban, la pista improvisada de baile (el mismo comedor con la mesa puesta a un rincón) se quedaba casi vacía tan solo con tres parejas, que luego de mirarse se abrazaban unas mas convencidas que otras, mientras en una esquina de la casa unas chicas empujaban a su amiga para que bailara con un chico que la había sacado a bailar.
Mientras el resto observaba, otros salían de la habitación a fumar y hacerse los importantes como para disimular, mientras en la misma esquina en donde estaba un grupo de chicas haciendo “barra” quedaban dos tipos con cara de aburridos mirando al DJ que tuviera piedad con ellos y que no alargara mucho el ritual de los lentos.
Pues, la verdad, esa que provoca que algunos se sonrojen, es esa, No todos disfrutaban el “ritual de los lentos”. Para algunos, o para muchos, si estadísticamente en una fiesta hubiese trabajado un sociólogo aburrido y sin pareja, resultaba una verdadera tortura. Sin embargo, y por fortuna de una buena carta astral, no fue mi caso, pues esperaba con ansias (aunque la palabra correcta no era precisamente “ansias”) los lentos, que no tendían a exceder tres o 4 temas, a lo mucho en las fiestas. Pero en ese momento era una eternidad. Era el momento de la batalla, por que se definía, en canciones y emociones, si aquella chica dejaría que la besaras o no, pues en un lento no siempre se ganaba, pero ese cosquilleo, mezclado con deseo y con cierto sudor en las manos, en donde uno trataba de rozar la mejilla para dar un leve giro a la cara y chocar con los cálidos labios mientras coordinaba el movimiento de la canción, que no era más que moverse de un lado a otro suavemente, es lo que se esperaba toda la noche. Pues luego de un lento, si te iba bien, terminaba en algo más. De forma más resumida, si terminabas el lento de la mano de la chica, esto aseguraba que ese “lento” seguía en otra parte de la fiesta, por otro lado, si la canción terminaba y ambos se soltaban, hasta ahí llegaba la cosa y tan conocidos o desconocidos como antes.
Pero, y volviendo a la verdad, el hecho de mirar atrás y ver con nostalgia nuestra adolescencia y rememorar lo distinto del ayer con el hoy, con esa mezcla de emoción pero también de ilusión, pues ya lo dijo un escritor como Gabriel García Márquez, “Las cosas no son como fueron, si no como uno las recuerda” hace olvidarse de una serie de personajes, que en esos momentos no pasaban de ser meros extras y a lo mas actores secundarios y terciarios de nuestra propia película, pues lo que caracteriza a nuestra generación, esa que pronto cumplirá 30, es que todos éramos protagonista de nuestra propia película, pues fuimos educados, formados y disciplinados con la televisión, por lo tanto, el resto no pasaba a ser más que esos “secuaces” de los “malos” que mueren por montón y que nadie cuenta, por que la única muerte que vale es la del amigo del protagonista o la muerte de su chica, todo el resto, es solo la consecuencia de la venganza, por tanto, todos esos extras, tienen razón de ser ( y de morirse) por que representan eso, lo desechable, los muertos necesarios de la película que nadie llora, que no tienen familia, amigos, amantes mucho menos esposas, pues uno es el protagonista, y el resto, solo extras y escenografías. Pero la verdad, y nuevamente, majaderamente, la VERDAD, esos tipos, esas chicas en una esquina de la habitación, aquellos y aquellas que se quedaban sin bailar ese “ritual de los lentos” esos que escondieron su trauma y que veían como su amiga era seducida y deseada mientras ellas se limitaban a “hacer barra” o esos tipos que se quedaban rumiando, diciéndole telepáticamente, suplicantemente al DJ que terminara pronto la tortura para pasar desapercibidos, no le interesa que vuelvan los lentos. No es una buena experiencia para ellos.
Por lo mismo, mas allá de que un nostálgico(a) publicista haya recordado su experiencia, quizás viendo “Si yo tuviera 30” la película en donde “Jenna”, una chica de 13 años, desea crecer rápidamente y tener 30 años (protagonizada por la exquisita Jennifer Garner) o “Jamás Besada” protagonizada por Drew Barrymore, en donde esta periodista hace un reportaje sobre la experiencia en la secundaria (enseñanza media en estos lares) en donde se convierte esta vez, no en la “loser” si no en la reina del baile, con lento y todo incluido, Se nos plantea desde la publicidad y a quemarropa, planteando la consigna más potente luego de “Tierra y Libertad” y de “Revolución o Muerte” asociada, quien sabe porque a una marca de snack (la que no nombraremos que es Doritos para no darle publicidad gratuita) de ¡¡Que vuelvan los Lentos!!
Lo que seguramente a mas de algunos (y me incluyo) nos hizo sonreír y recordar junto con amigos y amigas, ex incluidas, ese épico y feliz momento, pero también, y esto lo planteo por la empatía desarrollada en años, proceso que poco a poco agudizo, y ayudado por amigos que ven en mi al sicoanalista más barato que tienen a mano (y por que los otros que no cobran son sacerdotes, y hoy por hoy no son muy confiables) Planteo la duda y profunda discusión sobre tan noble cruzada. Pues, uno de mis amigos, de esos que eran los que estaban en la esquina suplicando mentalmente al DJ que tuviera piedad de ellos y que no se le ocurriera por nada del mundo poner “Stairway to heaven” (Escalera al Cielo) de Led Zeppelin y acabara pronto con la tortura y vergüenza (y hasta humillación me confesaron) que era estar contra la pared solo con un vaso en la mano mientras otros “contaban plata delante de los pobres”
Es más, a uno le recomendé “Jamás Besada” como para animarlo, y me dijo; ¿Se te ocurre estar volviendo al colegio pasando de incognito? Al otro día me llevan preso ¡por pedofilia! Además, acá no tenemos baile de graduación ni esas tonteras gringas yankee. Ante tamaño argumento, no me quedo más que darle la razón, y comprendiendo, que algunos lucharan silenciosamente porque “No vuelvan los lentos” porque se conforman con el “Happy Hour” o las discos de modas, en donde a nadie le importa mucho con quien está bailando ( de hecho todos bailan solos, tan solo se acompañan) y de vez en cuando conformarse con un perreo, que mientras se ponga empeño, a nadie le importa si eres gordito, feo, o con una mala carta astral.
Por mi parte, y en el fondo, me gustaría que volvieran los lentos, pero sé que eso no ocurrirá, además, si volviesen nunca volveré a sentir lo que sentí a esa edad, con esas ganas, con esa inocencia, con esa chica, con ese contexto histórico que teníamos como escenario, con esa misma ropa y con la misma visión y experiencia del amor que tenía en plena adolescencia.
Es así, que les digo, que se piense mejor, en uno y en todos, que cuando se diga “Que vuelvan los lentos” piénsenlo, más que mal, si uno quiere bailar apretado, ponga un disco con una bella balada en su casa, invite a su pareja, y si no tiene a un amigo(a) o a quien quiera y baile un lento, seguramente, a diferencia de la adolescencia este puede que termine mucho mejor y dígale ; “quiero que me trates suavemente”.
Iban a ser las 2:50 AM y aún se escuchaba la “Pachanga” de “Vilma Palma e Vampiros” y la pista improvisada de baile (que no era más que un comedor con la mesa puesta en un rincón) estaba casi llena, mientras otros en un sillón se iban quedando rezagados y medios dormidos por el alcohol. Hasta que de pronto el tipo de la música, seguramente convencido por alguien (y a regañadientes) dejaba caer la bomba; ¡¡Un Lento!!
Y se escuchaba un; wooohoo yehhhehhhhh….. Era “mi primer día sin ti” de los Enanitos Verdes. Y las carreras comenzaban, la pista improvisada de baile (el mismo comedor con la mesa puesta a un rincón) se quedaba casi vacía tan solo con tres parejas, que luego de mirarse se abrazaban unas mas convencidas que otras, mientras en una esquina de la casa unas chicas empujaban a su amiga para que bailara con un chico que la había sacado a bailar.
Mientras el resto observaba, otros salían de la habitación a fumar y hacerse los importantes como para disimular, mientras en la misma esquina en donde estaba un grupo de chicas haciendo “barra” quedaban dos tipos con cara de aburridos mirando al DJ que tuviera piedad con ellos y que no alargara mucho el ritual de los lentos.
Pues, la verdad, esa que provoca que algunos se sonrojen, es esa, No todos disfrutaban el “ritual de los lentos”. Para algunos, o para muchos, si estadísticamente en una fiesta hubiese trabajado un sociólogo aburrido y sin pareja, resultaba una verdadera tortura. Sin embargo, y por fortuna de una buena carta astral, no fue mi caso, pues esperaba con ansias (aunque la palabra correcta no era precisamente “ansias”) los lentos, que no tendían a exceder tres o 4 temas, a lo mucho en las fiestas. Pero en ese momento era una eternidad. Era el momento de la batalla, por que se definía, en canciones y emociones, si aquella chica dejaría que la besaras o no, pues en un lento no siempre se ganaba, pero ese cosquilleo, mezclado con deseo y con cierto sudor en las manos, en donde uno trataba de rozar la mejilla para dar un leve giro a la cara y chocar con los cálidos labios mientras coordinaba el movimiento de la canción, que no era más que moverse de un lado a otro suavemente, es lo que se esperaba toda la noche. Pues luego de un lento, si te iba bien, terminaba en algo más. De forma más resumida, si terminabas el lento de la mano de la chica, esto aseguraba que ese “lento” seguía en otra parte de la fiesta, por otro lado, si la canción terminaba y ambos se soltaban, hasta ahí llegaba la cosa y tan conocidos o desconocidos como antes.
Pero, y volviendo a la verdad, el hecho de mirar atrás y ver con nostalgia nuestra adolescencia y rememorar lo distinto del ayer con el hoy, con esa mezcla de emoción pero también de ilusión, pues ya lo dijo un escritor como Gabriel García Márquez, “Las cosas no son como fueron, si no como uno las recuerda” hace olvidarse de una serie de personajes, que en esos momentos no pasaban de ser meros extras y a lo mas actores secundarios y terciarios de nuestra propia película, pues lo que caracteriza a nuestra generación, esa que pronto cumplirá 30, es que todos éramos protagonista de nuestra propia película, pues fuimos educados, formados y disciplinados con la televisión, por lo tanto, el resto no pasaba a ser más que esos “secuaces” de los “malos” que mueren por montón y que nadie cuenta, por que la única muerte que vale es la del amigo del protagonista o la muerte de su chica, todo el resto, es solo la consecuencia de la venganza, por tanto, todos esos extras, tienen razón de ser ( y de morirse) por que representan eso, lo desechable, los muertos necesarios de la película que nadie llora, que no tienen familia, amigos, amantes mucho menos esposas, pues uno es el protagonista, y el resto, solo extras y escenografías. Pero la verdad, y nuevamente, majaderamente, la VERDAD, esos tipos, esas chicas en una esquina de la habitación, aquellos y aquellas que se quedaban sin bailar ese “ritual de los lentos” esos que escondieron su trauma y que veían como su amiga era seducida y deseada mientras ellas se limitaban a “hacer barra” o esos tipos que se quedaban rumiando, diciéndole telepáticamente, suplicantemente al DJ que terminara pronto la tortura para pasar desapercibidos, no le interesa que vuelvan los lentos. No es una buena experiencia para ellos.
Por lo mismo, mas allá de que un nostálgico(a) publicista haya recordado su experiencia, quizás viendo “Si yo tuviera 30” la película en donde “Jenna”, una chica de 13 años, desea crecer rápidamente y tener 30 años (protagonizada por la exquisita Jennifer Garner) o “Jamás Besada” protagonizada por Drew Barrymore, en donde esta periodista hace un reportaje sobre la experiencia en la secundaria (enseñanza media en estos lares) en donde se convierte esta vez, no en la “loser” si no en la reina del baile, con lento y todo incluido, Se nos plantea desde la publicidad y a quemarropa, planteando la consigna más potente luego de “Tierra y Libertad” y de “Revolución o Muerte” asociada, quien sabe porque a una marca de snack (la que no nombraremos que es Doritos para no darle publicidad gratuita) de ¡¡Que vuelvan los Lentos!!
Lo que seguramente a mas de algunos (y me incluyo) nos hizo sonreír y recordar junto con amigos y amigas, ex incluidas, ese épico y feliz momento, pero también, y esto lo planteo por la empatía desarrollada en años, proceso que poco a poco agudizo, y ayudado por amigos que ven en mi al sicoanalista más barato que tienen a mano (y por que los otros que no cobran son sacerdotes, y hoy por hoy no son muy confiables) Planteo la duda y profunda discusión sobre tan noble cruzada. Pues, uno de mis amigos, de esos que eran los que estaban en la esquina suplicando mentalmente al DJ que tuviera piedad de ellos y que no se le ocurriera por nada del mundo poner “Stairway to heaven” (Escalera al Cielo) de Led Zeppelin y acabara pronto con la tortura y vergüenza (y hasta humillación me confesaron) que era estar contra la pared solo con un vaso en la mano mientras otros “contaban plata delante de los pobres”
Es más, a uno le recomendé “Jamás Besada” como para animarlo, y me dijo; ¿Se te ocurre estar volviendo al colegio pasando de incognito? Al otro día me llevan preso ¡por pedofilia! Además, acá no tenemos baile de graduación ni esas tonteras gringas yankee. Ante tamaño argumento, no me quedo más que darle la razón, y comprendiendo, que algunos lucharan silenciosamente porque “No vuelvan los lentos” porque se conforman con el “Happy Hour” o las discos de modas, en donde a nadie le importa mucho con quien está bailando ( de hecho todos bailan solos, tan solo se acompañan) y de vez en cuando conformarse con un perreo, que mientras se ponga empeño, a nadie le importa si eres gordito, feo, o con una mala carta astral.
Por mi parte, y en el fondo, me gustaría que volvieran los lentos, pero sé que eso no ocurrirá, además, si volviesen nunca volveré a sentir lo que sentí a esa edad, con esas ganas, con esa inocencia, con esa chica, con ese contexto histórico que teníamos como escenario, con esa misma ropa y con la misma visión y experiencia del amor que tenía en plena adolescencia.
Es así, que les digo, que se piense mejor, en uno y en todos, que cuando se diga “Que vuelvan los lentos” piénsenlo, más que mal, si uno quiere bailar apretado, ponga un disco con una bella balada en su casa, invite a su pareja, y si no tiene a un amigo(a) o a quien quiera y baile un lento, seguramente, a diferencia de la adolescencia este puede que termine mucho mejor y dígale ; “quiero que me trates suavemente”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario