Capitulo XX
Hola Luciano Bienvenido.
Gracias Carlos.
Alberto me envió a recogerte y ahora te llevare a la casa.
Gracias Carlos, me alegra regresar.
Bueno, vamos.
Carlos abrió la puerta del auto para que Luciano se subiera y Luciano ingresó al automóvil. Carlos cerro presuroso la puerta y se subió al auto y lo hizo partir.
Daniel, creo que será hora de que nos vistamos.
Déjame ver, son las 6 creo que tienes razón. Pero ¿no querrías esperar un momento? Quiero inmortalizar esta escena en mi cabeza.
Eres un tonto dijo ella y se sonrió.
Lo sé.
Bueno, vistámonos para juntarnos con tu colega ¿ok?
Está bien.
Daniel….
¿Qué?
Gracias y……………. te quiero.
De nada, y yo también.
Luciano miraba por la ventanilla y veía pasar ante sus ojos el paisaje que una vez, somnoliento vio por primera vez en compañía de Miguel. De eso ya habían pasado tres años y muchas cosas entre medio. Tenía certeza de que ya no era el mismo de antes y por más que aquello en algún momento lo desencajaba y hacía cuestionarse, pero esta semana se había dado cuenta de que llegaba a un cierto punto en su vida en donde todo tenía sentido dentro de sí independientemente de que la certeza lo asustara en lo más intimo.
¿Cómo estuvo el viaje Luciano?
Bien, estuvo bien Carlos.
Te ves algo cansado, si quieres puedes dormir por mientras, llegaremos en un rato.
Me parece buena idea Carlos, gracias.
Luciano se acomodó en el asiento trasero y se acostó a lo largo de este en posición fetal usando su chaqueta como almohadón y se dejo llevar por el sueño como un niño que duerme en un viaje refugiándose en el sueño con ansias de llegar pronto a destino.
Carlos miró por el retrovisor y vio a Luciano durmiendo, pensó en lo agotador que sería estar en sus zapatos, lo compadeció y coloco su vista nuevamente en el camino.
…..Cuantas cosas pasan sin que nos demos cuenta, como si el mundo se hubiese hecho en una semana, incluido el día de descanso. Prefiero creer que los hechos constantes y sistemáticos que ocurren cada micro segundo que van conformando una realidad que está ahí para nosotros pero que no siempre vemos en su magnitud, son los que nos hacen ser lo que somos y estar en donde estamos, es más, probablemente nunca vemos esos detalles y redes que se tejen, pero aquello no implica que no existan o estén ahí para nosotros. Nosotros somos tejedores, no somos como Penélope, ni como Ariadna, en la pasividad y en la forma, pero si somos tejedores de los hilos, que en conjunto hacen la verdadera forma de la vida como la conocemos hoy, nosotros manejamos los hilos de los que el mundo depende.
Los ojos de los que se encontraban presentes en la sala se iban iluminando cada vez más a medida que el orador iba avanzando, y ya casi en la cúspide y clímax de su discurso la excitación de los presentes era casi total.
…..Nosotros somos el motor de la historia, prosiguió diciendo el orador. Los que hacen funcionar el mundo como debe ser y del cual, más allá de lo que digan algunos, nosotros somos los reales dueños del futuro!
La ovación en el salón fue cerrada y los presentes se pusieron de pie aplaudiendo como si hubiesen interpretado a cabalidad sus más internos deseos y aspiraciones.
Estuviste genial! Lanzó mientras el orador salía del escenario un tipo con un celular en su mano.
Gracias, solo dije lo que es cierto y aquí querían escuchar.
Bueno, te esperan a la salida así que ve a cambiarte y sacarte ese maquillaje y nos vemos en el vestíbulo.
Ok. Nos vemos allá.
Tres hombres le custodiaban el paso mientras caminaba raudo por un pasillo rumbo a su habitación. Subieron por un ascensor hasta el piso 15.
Estuvo genial la conferencia cuenten con mi apoyo y mi humilde aporte como siempre.
Muchas gracias Señor Laroche, su contribución es más que bienvenida para nuestra fundación y siempre es un placer contar con usted así como usted el poder contar con nosotros.
Quisiera de todos modos por saludar y felicitar personalmente a Christian ¿es eso posible?
Por supuesto que lo es señor Laroche. Christian subió a su habitación para cambiarse y bajara para poder saludarlos, pues él está muy ansioso de saludarlos personalmente.
Excelente entonces. Estaré encantado de felicitarlo personalmente entonces.
Bueno que disfruten el coctel cualquier cosa que necesiten yo estaré por aquí a su disposición.
Esteban, ¿qué pasa que Christian no baja aún?
No lo sé, averiguare inmediatamente aquello. Y llevando su mano hasta el bolsillo de su chaqueta saco un radiotransmisor y comenzó a llamar; Pedro ¿me escuchas, cambio?
Si Esteban te escucho cambio.
¿Qué pasa con el señor Christian? Cambio.
El señor Christian se encuentra adentro de su habitación nosotros custodiamos afuera, cambio.
¿Está todo bien allá? Cambio.
Absolutamente tranquilo, cambio.
Bueno, díganle al señor Christian que aquí lo esperan y que el señor Esteban dice que baje ahora, cambio.
Ok, le diremos inmediatamente, cambio.
Pedro, un hombre de 1.85 metros y de gruesa contextura daba la impresión de una mole imponente que sin embargo se movía con total gracia, lo que desentonaba con su cara de “bonachón” que sin embargo no mermaba a la hora de tener que actuar. Llevaba dos años trabajando en la seguridad de Christian y no se podía ocultar la admiración que sentía por aquel hombre a quien veneraba como un niño idealiza a un padre. Si bien sus edades no eran tan distantes la sabiduría e imagen magnética que irradiaba Christian hacían que Pedro le representara una admiración sin límites, incluso el de dar su vida por el si fuese necesario cosa que Pedro no dudaba en hacer ni por un segundo.
Tocando con tres golpes la puerta de la habitación Pedro dijo, lo mas solmene que pudo; Señor Christian, llamaron de parte del señor Esteban quien dice que baje ahora, ¿está usted bien?
De pronto la puerta se abrió: Esta todo bien Pedro, no te preocupes, y con una mano tomo la cara de Pedro en señal de amistad. Bueno vamos, abajo nos esperan.
Muy bien señor Christian, avisare que ya bajamos.
Hola Francisco que te ha parecido la presentación de Christian.
Soberbia, creo que hoy es una noche redonda, ¿no lo Crees Esteban?
Si, así lo creo Francisco.
Aquí están presentes los hombres y mujeres más “influyentes” del planeta, y sabes bien a que me refiero.
Lo sé Francisco.
Y todos parecen adorar a Christian y al parecer esta noche es la noche que estábamos esperando.
Bueno, trabajamos mucho para esto, ha venido gente de muchas partes, hemos logrado cambiar la agenda de muchas personas para que hayan podio estar aquí, pero al parecer valió la pena, mira sus rostros.
Si, ha valido la pena, bueno esto no se pago solo tú lo sabes bien, pero al parecer terminara siendo así, pagándose solo.
Ahí viene bajando Christian…………
Luciano, despierta hemos llegado.
Gracias Carlos. Incorporándose lentamente y sintiendo haber dormido una eternidad durante el trayecto del aeropuerto hasta la casa. Su cuerpo se había acostumbrado a breves descanso, el insomnio era un estado constante y sistemático en su vida. Si bien aquello no era algo reciente, pues siempre lo padeció desde pequeño, si se había acrecentado en los últimos años, la necesidad imperiosa que tenía su cabeza por tratar de estar siempre alerta lo había convertido en un autómata de sus pensamientos y emociones que estaban fundidos como una solo cosa, como una amalgama del equilibrio del cual había aprendido en estos años de entrenamiento a llevar bastante bien. Por lo mismo su cuerpo y cabeza solo necesitaban de breves espacios de tiempo, sintéticas siestas como las de “los grandes hombres” como le dijo en una oportunidad Miguel, el tiempo es algo que siempre se debe tener a favor aunque a veces se nos haga esquivo.
Carlos abrió la puerta para que el pudiese bajar del auto. Tomando su chaqueta Luciano salió del auto. A su mente vino la primera vez que bajo del auto de Miguel y reconoció esa casa, ese lugar que ya había llegado antes a su cabeza en un sueño. Pero esta vez no estaba Sol en la entrada, si no Alberto, quien con cara solemne salió a saludarlo.
Hola Luciano, bienvenido. Se lo de Miguel, aquí todos lo sentimos también.
Gracias Alberto.
Tienes un recado y creo que debes tomarlo como algo urgente.
Si, ¿de quién? Luciano pensaba que nadie sabía que él estaba allá, no le dijo a nadie y fue muy claro con Alberto sobre su llegada allá.
Llamó Laura, y me dijo que te dijera que Samara necesitaba hablar contigo y que era urgente.
La mirada de Luciano cambió completamente, Alberto notó el cambio también, pero guardo silencio.
Muy bien, dijo Luciano, puedo ocupar tu oficina para hacer una llamada.
Por supuesto que puedes Luciano, ocúpala, estarás cómodo y seguro allí, yo me quedare viendo unas cosas con Carlos, ve tranquilo.
Gracias Alberto y gracias Carlos, fuiste muy amable.
De nada Luciano.
Luciano ingresó a la casa caminando por un pasillo hasta llegar a la oficina de Alberto, que era la otrora oficina de Sofía, a la cual sin duda le habían hecho algunas modificaciones pero aun conservaba el “toque” de Sofía. Se sentó en el sillón del escritorio y tomó el teléfono y marco un numero que saco de una pequeña libreta que llevaba en su bolsillo.
Aló, ¿Laura? Soy Luciano ¿Qué pasa?
Hola Luciano, disculpa, se que querías estar solo, Samara te ubicó. Ella quiere hablar contigo deja ir a buscarla. Laura salió de la cocina en donde estaba para ir en busca de Samara, pero cuando llego al umbral de la salida de la cocina Samara estaba allí parada y sin más le dijo: ¿es Luciano?
Laura, se quedo en silencio algo pasmada pero recobrando su asombro respondió, si es él al teléfono, aquí lo tienes para que hables con él.
Samara tomo el celular y dio las gracias a Laura.
Hola Luciano.
Hola pequeña, dime ¿Qué es lo que pasa?
No es lo que pasa Luciano, es lo que pasara.
Dime, te escucho………
Luciano colgó el teléfono y fijo su vista en un calendario que estaba adjunto en la pared. Y en un susurro dijo: 3 dias.
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